Internacional.- Alcanzar una cierta edad trae consigo el momento de hacer preguntas profundas, no para satisfacer a otros, sino para entendernos a nosotros mismos. Así, a seis meses de cumplir setenta años, redescubrí la poderosa obra de Fiódor Dostoyevski, quien, a través de sus palabras, parece guiarnos a un encuentro sincero con nuestras verdades más ocultas.

Es curioso cómo, al madurar, algunas enseñanzas nos encuentran en lugar de que nosotros las busquemos. Hay conceptos que yacen a la espera de que estemos listos para aceptarlos. Con esa intención, comparto Dos pensamientos que resonaron en mí:

“Cada ser humano lleva dentro de sí dos voces, una que susurra la verdad y otra que altera la realidad para poder soportarla. ¿Cuántas veces nos hemos visto al espejo y solo hemos observado nuestro rostro, mientras nuestra alma nos observa con ojos vacíos?”

Afrontar nuestro interior muchas veces asusta; por ello, buscamos evadirnos mediante el ruido cotidiano: trabajo, charlas superficiales o distracciones. Sin embargo, el interrogante clave persiste: ¿Por qué estamos aquí? Tal vez la respuesta no resida en buscar frenéticamente, sino en dejar de huir.

Esta introspección me lleva a considerar las tres dimensiones esenciales que sostienen la vida humana:

  • Propósito: La conciencia de que nuestra existencia tiene un sentido que va más allá de lo superficial. Se refiere a la motivación interior, algo que los japoneses conocen como ikigai, que nos impulsa a seguir adelante pese a las adversidades.
  • Coherencia: La habilidad de otorgar sentido a nuestros vivencias. Aunque no elimina la incertidumbre o el sufrimiento, permite que no nos perdamos en el caos, estructurando nuestra historia de manera significativa.
  • Significado: La dimensión relacional de nuestra vida. La experiencia se enriquece al entender que no estamos solos, que nuestras acciones dejan una huella en una red humana más vasta.

Ser verdaderamente felices no implica estar libres de dolor, sino saber integrar estas tres dimensiones: tener dirección, comprender nuestros días y sentir que pertenecemos a un todo mayor. Espero que estas reflexiones te resulten valiosas y me encantaría conocer tus pensamientos al respecto.

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