Culiacán Sin.- El pasado 8 de mayo se conmemoraron dieciocho años del trágico asesinato de Édgar Guzmán López, el hijo del famoso narcotraficante Joaquín «El Chapo» Guzmán. Este suceso, que conmocionó a la comunidad, dejó una huella imborrable en la historia reciente de Sinaloa, transformando el panorama social y cultural de la región.
En 2008, el impacto de la noticia fue inmediato. Las florerías se encontraron desbordadas por la demanda de arreglos florales, mientras que multitud de personas acudieron a rendir homenaje a Édgar, creando un recuerdo colectivo que se perpetuó a lo largo de los años.
No obstante, el panorama este año se ha tornado diferente. En 2026, la tumba de Édgar luce vacía, sin las flores y tributos que la caracterizaban en los últimos años. Este cambio refleja no solo el paso del tiempo, sino también las transformaciones que ha vivido Culiacán desde el inicio del conflicto en la región en 2024, que ha resultado en una disminución significativa de visitantes al lugar.
Este contraste con el fervor de años anteriores pone de manifiesto cómo las circunstancias actuales han influido en el recuerdo de una figura histórica que marcó un antes y un después en la ciudad.


