Internacional.- Durante su visita a Lampedusa, el Papa León XIV destacó la trágica realidad de los migrantes que han perdido la vida en el mar Mediterráneo, describiéndolos como víctimas no solo de decisiones activas, sino también de la indiferencia y la inacción. En una emotiva homilía, el pontífice trazó un paralelismo con la parábola del buen samaritano, enfatizando que la indiferencia y los intereses económicos están perpetuando esta crisis humanitaria.
Una reflexión sobre la indiferencia
El Papa subrayó que la falta de acción frente a la crisis migratoria y la corrupción en los países de origen contribuyen significativamente a la difícil situación de quienes buscan un futuro mejor en Europa. Refiriéndose a conceptos como el desinterés por el bien común y los cálculos económicos que lucran con el sufrimiento ajeno, instó a todos a no ignorar esta problemática.
La responsabilidad de Europa
León XIV hizo un llamado a Europa para que asuma su responsabilidad histórica en la gestión de la migración, sugiriendo que la región, gracias a su ubicación y estructura institucional, puede implementar una respuesta integral que incluya la acogida y la integración de migrantes. Según el Papa, este esfuerzo debe involucrar a las instituciones públicas, la sociedad civil y a la Iglesia.
Una cultura de acogida
Al recordar su reciente visita a España, el Papa mencionó que la cultura de acogida podría estar en riesgo debido a las intensas rutas migratorias. Señaló la necesidad de crear conciencia social y de evitar la creación de barreras entre los turistas y las tragedias que ocurren en el mar.
La compasión como motor de cambio
León XIV expresó su gratitud hacia las organizaciones y civiles comprometidos con la ayuda a los migrantes, elogiando su trabajo como una revolución basada en la compasión. Además, destacó que los propios migrantes, a menudo en condiciones de vulnerabilidad, ejercen la solidaridad.
La misa, que concluyó su breve pero significativo viaje a Lampedusa, refleja el compromiso del Papa por abordar los problemas perennes del migrante, reafirmando que toda comunidad está llamada a ser un puerto seguro en la tierra.


