Internacional.- La angustia se apodera de Emilia Rada, una mujer de 73 años que, tras los devastadores terremotos que sacudieron Venezuela, ahora se encuentra alojada en un polideportivo en La Guaira. «No quiero terminar mis años en un refugio», expresa con tristeza, reflejando el sentimiento de muchos que han perdido su hogar debido a la tragedia.
Una semana después de los temblores de magnitud 7.2 y 7.5, los efectos de la catástrofe son visibles. Emilia recuerda cómo su hogar fue destrozado cuando el suelo del apartamento se desplomó sobre sí mismo, y lamenta no haber podido rescatar nada de su vida anterior.
Antes de refugiarse en el polideportivo, ella se encontraba durmiendo en el suelo de una plaza cercana, de cuyos recuerdos todavía le persiguen los olores de la muerte. Su relato se suma a la de miles de afectados, que temen no poder regresar a sus viviendas. La presidenta interina, Delcy Rodríguez, asegura que se construirán nuevas casas antes de que finalice el año, aunque la incertidumbre persiste.
Las cifras son alarmantes. Según el Gobierno, 12 mil 841 personas han perdido sus hogares, mientras que la ACNUR estima que alrededor de 16 mil han tenido que buscar refugio, y muchos siguen en las calles sin respuesta a su situación. Las autoridades han instado a los afectados a registrarse en un sistema del Gobierno para acceder a ayudas sociales y mejorar sus condiciones de vida.
La desesperación es palpable. Charles Cordero, con una pierna escayolada, comparte su temor de no saber cuándo podrá regresar a su casa, mientras que José, de unos 60 años, vela por su edificio semiderrumbado, preocupado por el vandalismo que acecha lo poco que queda. «Perdí treinta años de mi vida en un instante», lamenta.
Hasta ahora, el balance trágico incluye 2 mil 295 fallecidos y más de 11 mil heridos, dejando una huella imborrable en la comunidad. La situación sigue siendo crítica, y las esperanzas de reconstrucción se enfrentan a una dura realidad de abandono y sentimientos de desamparo.


