Por: Dr. Pedro Cázares Aboytes

Traslaciones de la memoria, es la reciente exposición del artista plástico Jorge Robles, oriundo y avecindado de la villa de Ahome, Sinaloa. El Chino para familiares y amigos, el maestro Robles por nombramiento de César Arce actor, maestro y cuenta cuentos y Jorge para sus alumnas y alumnos, en distintos momentos en la Conrado Espinoza, biblioteca Lore de la Vega o su emprendimiento en docencia artística, Cuadrante III.

En su montaje se presentan y entrelazan el maestro, el pintor y el ahomense-tijuanense, este último mediante un ejercicio de itinerario creativo donde la memoria, vertebrada en la narrativa visual, se centró en el paisaje como su leitmotiv. La identidad, reelaboración constante en lo individual y lo colectivo, no cae en lugares comunes, ni usurpa ropajes regionalistas, ni cae en la norteñización centralista que a cualquier expresión artística la etiqueta así, ni lo indígena de corte esencialista como reconocimiento, al contrario, da cuenta de idas y vueltas de Ahome a la frontera, primero en proceso formativo y luego a la patria chica.

La representación del paisaje retrata las capas de memoria ahomense, edificaciones de arquitectura neoclásica y viviendas de corte vernáculo, son simbolizadas varias veces en dípticos, pero esto no obedece a un estilo, acompaña junto con paletas de colores diversos, mediante degradaciones y contrastes, desplegando un repertorio de técnicas en oleos sobre lienzos, acuarelas, acrílicos, técnica mixta, oleo sobre madera, dando referencia de la vasta cantidad de recursos técnicos y teóricos.

No hay una alegoría de riqueza del campo, asistimos a una materialización del espacio vivido, pero no estático, se reconoce la bonanza derivada de la agricultura. Aquí se aprecia como se entremezclan la experiencia personal, la resignificación del paisaje y reelabora en su propuesta plástica, su historia personal y su relación la comunidad y los recuerdos del espacio. Lo anterior, está entrecruzado por dimensiones no solo estéticas, también identitarias y emocionales.

Jorge Robles en su obra “El reloj”, pone en diálogo un juego de escalas local, estatal y nacional, el obsequio del otrora presidente de México Álvaro Obregón a la villa de Ahome, entonces cabecera municipal, cambiada a Los Mochis en 1935. Este reloj representa un símbolo identitario de los ahomenses, esta pintura reivindica que tras 91 años, aun con los traslados momentáneos de poderes a la Casa Azul, Ahome representa más que una villa, la observación, la oralidad y vivencias del autor, dan una reelaboración de cicatriz identitaria.

Dialoga con los mitos locales, personajes, inquietudes y quizás temores de la infancia. Los lugares del pueblo, los lugares familiares y no deseables. El Jorge Robles maestro, también está presente, entre la experimentación de la pedagogía del arte y las representaciones del mar y sus playas. Las Salinas el espacio familiar del relax y convivencia, también como un laboratorio creativo, igual el puerto de Topolobampo y el Maviri, sus pescadores, sus artes de pesca y sus rutinas diarias.

La obra “El río en diciembre”, dialoga con otro tema identitario ahomense, el río Fuerte como fuente de vida, pero evocación de los temores de las comunidades rivereñas, inundadas no pocas veces por sus crecidas. La oralidad transmite vivencias, el río es parte de la identidad, ayuda a construir, pero también recuerda los temores transmitidos generacionalmente, plasmado en los muros de la sindicatura ahomense, siendo el aludido parte de esa reminiscencia colectiva.

Sus pinturas vuelven a andar caminos antes de la travesía fronteriza, estas travesías son revisitadas, el espacio cambió, las personas cambiaron, los funerales empiezan a poblar la memoria como algo nuevo, hay vida y muerte, hay indicios de conquistas mostradas en la exposición, como premios, menciones honoríficas y becas de creación, no como un culto a la vanidad, evidencian una suerte de idas y vueltas, hablan de Tijuana, Naco, Topolobampo, San Miguel Zapotitlán, Dublín y Ahome, hablan de viejos y nuevos pasos en ¿los mismos espacios?

Finalmente, resulta plausible la exposición de Jorge Robles, quien, tras años sin exponer en solitario, tras emprender distintos proyectos como haber incursionado en la función pública, la docencia y acompañamiento creativo, corona exitosamente esta iniciativa conceptual, donde nos abre la puerta a sus aspiraciones y sueños, porque finalmente, el artista plástico materializa sus ideas y puntos de vista, en un lienzo, una pared u otra superficie. Estas breves pinceladas, posiblemente no hacen justicia a la riqueza de la obra colectiva presentada por Jorge Robles, solo me resta decir que tenemos ante nuestros ojos, un artista plástico con un legado tangible en distintas expresiones. Estoy convencido que lo mejor del maestro Robles, está en camino, esto es una muestra de una obra en crecimiento. Concluyo que en Álvaro Obregon y Ángel Flores, Los Mochis, Sinaloa, tiene la oportunidad de asomarse una exposición muy íntima y una especie de manifiesto pictórico.

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí