Internacional.- El gobierno de Estados Unidos ha tomado medidas contundentes al sancionar a Unión Cuba-Petróleo (CUPET), la empresa estatal encargada de la extracción y refinamiento de petróleo en Cuba. Según las autoridades estadounidenses, esta petrolera posee activos que, a su juicio, fueron expropiados de manera ilegal a propietarios norteamericanos.

El anuncio de las sanciones se realizó el 11 de junio, cuando CUPET fue agregada a la lista de la Oficina de Control de Activos Extranjeros del Departamento del Tesoro de EE.UU., un paso que amplía las restricciones impuestas a varias entidades y líderes cubanos, incluido el presidente Miguel Díaz-Canel.

CUPET es responsable de las instalaciones de almacenamiento de combustibles que están siendo consideradas para alquiler por una empresa importadora. Sin embargo, el Departamento de Estado de EE.UU. aclaró que no había dado ninguna licencia a dicha empresa, Vanguard Energy, para sortear el bloqueo que prohíbe la llegada de petróleo extranjero a la isla, medida instaurada por la administración de Donald Trump.

Reacciones de Washington

Marcos Rubio, secretario de Estado de EE.UU., criticó al gobierno cubano y declaró que todos los recursos de la isla están bajo control del régimen comunista, que los utiliza como un instrumento de represión y corrupción. Las sanciones no solo afectan a CUPET, sino también a varios miembros de la familia Castro, quienes han sido señalados por la acumulación de riquezas a expensas de la población.

Rubio subrayó que los líderes cubanos han desviado recursos energéticos para enriquecerse, además de usarlos para fortalecer a las fuerzas represivas del país. Las sanciones impuestas incluyen la prohibición de realizar transacciones con las entidades y personas designadas, con activos bloqueados bajo la jurisdicción estadounidense.

La presión sobre Cuba ha ido en aumento, en busca de un cambio político. Entre las acciones recientes, la presión se extendió hasta la figura de Raúl Castro, acusado por su supuesta implicación en la muerte de cuatro personas tras el derribo de aviones en 1996.

A pesar de las tensiones, existen negociaciones en curso entre Washington y La Habana, con visitas de altos cargos militares estadounidenses a la isla. No obstante, el gobierno cubano mantiene su postura y reafirma que cualquier cambio debe ser determinado por su propio pueblo.

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