La Estocada| El Traicionado

El traicionado
El país estaba dividido, se ocupaba una transformación a fondo. No se podía seguir dependiendo y soportando a una oligarquía, política y económica, que parece engullir todos los recursos del país.

Alguien le tiene que hacer frente a los conservadores, a los que se resisten al cambio y a escuchar las protestas ciudadanas.

Esos conservadores que con argucias legales, contubernios obscuros y control del dinero, parecen ser inmutables a los reclamos de los hijos de la injusticia.

El valiente, que les haría frente, fundo su propio partido político, contrario a las políticas del gobierno federal. Su mismo partido lo eligió candidato para las elecciones.

Llego al día del sufragio, fuerte y popular, sobrado, con ganas de vencer
La elección fue un mero trámite, todos sabían que iba a ganar.

Los dos candidatos opositores sabían que los pecados de sus partidarios los alcanzarían. El pueblo enfadado y molesto, no permitiría que nadie ligado al conservadurismo llegara al poder.

Los dados estaban echados y la venganza sería del pueblo.
La democracia había triunfado, nuevos aires se respiraban. El júbilo y la esperanza eran desbordados. La transformación, llegaría.

Se asumió en la presidencia, legítimamente ganada en las urnas, preocupado por la vida del pueblo llano, por los de abajo, los olvidados.
Al poco tiempo, comprende, por primera vez, el poder de la burocracia, entiende como todo tiene reglas, regulaciones, procedimientos, leyes que lo guardan.

Para él, parecieran trampas que le dejaron sus adversarios, con tal de no lograr su transformación. Luego recuerda que, en algún momento, el también busco minimizar el poder de la Presidencia.

Empieza a entender que será muy complicado lograr el cambio social que las masas, que lo eligieron, reclaman.

Entiende que el dinero es insuficiente, las deudas existen y los plazos se vencen; las instituciones están diezmadas, no funcionan, son casi, inoperantes.

En quien me resguardo, piensa él. Solo una institución me ha jurado lealtad a mí y a la patria, solo una institución tiene cobertura nacional, tiene educación y valores, solo una es capaz de ejercer autoridad y disciplina.

No importa que su nombre haya sido manchado por crímenes contra el pueblo, por denuncias de tortura, por desapariciones forzosas, por oprimir al débil.

Esa institución me juro lealtad y en su palabra me sostengo.

Nunca consideró que quienes manejan esa institución son conservadores por naturaleza, están acostumbrados a mandar y ser obedecidos, siempre fueron de la oligarquía, salieron del poder para servir al poder, casaron a sus hijas con ellos, los becaron y pagaron sus estudios, eran una casta privilegiada.
El titular del ejecutivo había cavado su propia tumba, hoy dependía de sus enemigos, para mantenerse en el poder.

El presidente Francisco I. Madero cayó al poco tiempo.

La ESTOCADA final la ordenaría Victoriano Huerta, General del Ejército, que juro serle fiel a la presidencia y a la patria.

Señor López, la historia tiende a repetirse, si le da más poder al poder…. todos, vamos a perder.