México.- Las comunidades indígenas de Chilapa de Álvarez, en Guerrero, enfrentan una grave crisis tras la reciente ola de violencia desencadenada por el crimen organizado. Nuevos ataques han llevado al desplazamiento de sus habitantes, quienes temen regresar a sus hogares.
En el poblado nahua de Tula, donde los ataques comenzaron a principios de mayo, el escenario es desolador. Varias viviendas han sido destruidas, y se han reportado animales muertos debido a explosivos lanzados desde drones, en un ataque sorpresivo para la comunidad.
Anastasia, una mujer de Xicotlán, describe su dolor al recordar cómo su vida cambió drásticamente. A pesar de que el gobierno prometió apoyo para reconstruir, ella se siente insegura y no quiere regresar a su hogar, a pesar de que su esposo tiene un interés distinto.
Ante esta situación, el Gobierno de México ha establecido mesas de diálogo con líderes comunitarios y autoridades de Guerrero en busca de soluciones que promuevan la paz en la región. La presidenta Claudia Sheinbaum ha enfatizado la necesidad de una presencia federal continua, lo que ha resultado en el despliegue de casi mil efectivos de la Guardia Nacional y del Ejército.
Los conflictos en Chilapa, que han llevado a numerosos desplazamientos y comunidades aisladas, reflejan una lucha de poder entre los grupos criminales Los Ardillos y Los Tlacos. Desde hace una década, el Concejo Indígena Popular-Emiliano Zapata (Cipog-EZ) ha denunciado ataques constantes, que han dejado como resultado múltiples muertes y desaparecidos.
A medida que avanza el mes, el panorama se torna más sombrío para habitantes de Tula, Xicotlán y Acahuehuetlán, quienes continúan viviendo con miedo y desplazados de sus tierras.


