Internacional.- La reciente ola de gobierno de derecha en América Latina y Estados Unidos enfrenta un brusco giro. Desde 2023, once de las catorce elecciones en la región han favorecido posturas conservadoras, resultado de un descontento social con las promesas incumplidas de los gobiernos de izquierda.
Aún así, figuras como Javier Milei en Argentina, José Antonio Kast en Chile, Rodrigo Paz en Bolivia y Donald Trump en Estados Unidos atraviesan una paradoja conocida: la victoria electoral es solo el primer paso; gobernar resulta ser un desafío mucho mayor.
La llegada al poder de estos líderes no fue producto de una conversión ideológica de los votantes, sino una respuesta al descontento acumulado por la inflación, la inseguridad y la corrupción. La sociedad clamaba por alternativas, y los electores, movidos por la desesperación, optaron por el cambio. No obstante, esta elección trae consigo una exigencia implícita: cumplir con las promesas formuladas durante las campañas.
El panorama para estos líderes es crítico. En Argentina, Milei enfrenta su peor aprobación desde que asumió en diciembre de 2023, con un 63% de desaprobación. En la provincia de Buenos Aires, el 58% lo califica como “muy mala” gestión. En Chile, Kast, que apenas lleva dos meses en el poder, también lidia con un descenso en su popularidad, alcanzando solo un 36% de aprobación y críticas severas sobre su manejo de la seguridad.
Por otro lado, la situación en Bolivia se complica rápidamente. Rodrigo Paz se enfrenta a protestas masivas impulsadas por la insatisfacción económica y la represión de sindicatos afines a Evo Morales. A mitad de su mandato, el presidente se encuentra en un escenario de crisis política, con la oposición a la espera de oportunidades para capitalizar el descontento.
En Estados Unidos, Trump registra un índice de aprobación alarmantemente bajo en su segundo mandato, con cifras negativas sobre su manejo de la economía y la inflación. La caída en la popularidad entre votantes independientes sugiere un peligro inminente para su control del Congreso en las elecciones legislativas programadas.
Así, se configuran cuatro escenarios donde los líderes, que llegaron al poder prometiendo soluciones, enfrentan ahora el reto de cumplir esas promesas. En un entorno electoral marcado por la volatilidad y el pragmatismo, la lealtad del electorado es efímera. Si estos presidentes no logran abordar adecuadamente las expectativas, corren el riesgo de convertirse en los próximos objetivos de un voto de castigo.


