Internacional.- El Congreso de Estados Unidos revive la discusión sobre el movimiento #MeToo, que hace casi diez años cambió la percepción sobre el acoso sexual a nivel global. En las últimas semanas, la institución ha comenzado a reflexionar sobre la cultura del silencio que rodea este tipo de situaciones, impulsada por la renuncia de dos de sus miembros ante acusaciones serias de conducta sexual inapropiada.
Las dimisiones del republicano Tony Gonzales y del demócrata Eric Swalwell han reabierto un debate incómodo en el Capitolio. Mientras que Swalwell ha negado las acusaciones de agresión sexual, Gonzales ha admitido haber mantenido una relación extramarital con una subordinada que trágicamente terminó suicidándose.
Además de estos casos, se suma una investigación en curso sobre el republicano Chuck Edwards, quien es señalado por haber podido crear un entorno laboral hostil y por haber incurrido en acoso sexual.
Tolerancia cero ante el acoso
El congresista demócrata Ro Khanna ha manifestado que la pronta respuesta a las alegaciones contra Swalwell, así como el apoyo bipartidista en la rendición de cuentas, indican un posible cambio cultural hacia una postura más enérgica contra el acoso. En sus propias palabras, deben establecerse políticas de “tolerancia cero ante el acoso”. Khanna resalta la importancia de mantener la presión en este tema y asegura que este podría ser un punto de inflexión para que más personas se atrevan a alzar la voz.
Fin a la cultura del silencio
A pesar de que la primera ola del movimiento #MeToo marcó un cambio significativo, la cultura del silencio persiste en el Capitolio. Un estudio reciente revela que alrededor de 30 miembros del Congreso han sido acusados de acoso sexual en los últimos 20 años, aunque se sospecha que el número real es mucho mayor debido al miedo a represalias que enfrentan las víctimas.
Ante la creciente presión por mayor transparencia y eficiencia en las investigaciones, esta semana se formó una alianza bipartidista para reformar cómo el Congreso aborda estos temas, subrayando su creciente urgencia como un problema institucional. La influencia del #MeToo es innegable; el movimiento no solo fue reconocido como Persona del Año por la revista Time en 2017, sino que también inspiró a un número sin precedentes de mujeres a postularse para cargos públicos durante las elecciones de medio término de 2018. Ahora, en esta nueva fase, queda por ver hasta dónde se materializan los cambios en este emblemático bastión de la política estadounidense.


