Internacional.- La reciente caída de dos aviones de combate de Estados Unidos en Irán ha sumido al gobierno de Donald Trump en un silencio cauteloso sobre el conflicto en curso. Este disparador de tensiones acontece en un momento crucial de la guerra que dejó el enfrentamiento en Oriente Medio desde el 28 de febrero.
Un F-15, por primera vez derribado en el territorio iraní, ha llevado a la búsqueda de un piloto desaparecido. Mientras que uno de los tripulantes fue rescatado, el otro se encuentra perdido en territorio enemigo, intensificando la angustia y las operaciones de rescate. En paralelo, un A-10 Warthog se estrelló cerca del estrecho de Ormuz, pero su piloto fue recuperado con vida.
Las acciones iraníes también incluyeron el ataque a dos helicópteros estadounidenses que participaban en el rescate, aunque sus tripulantes están a salvo, según reportes militares.
El Pentágono y el Comando Central de EE.UU. han optado por no ofrecer información adicional sobre estos incidentes, dejando a la audiencia en la incertidumbre. En una llamada con NBC News, Trump desestimó cualquier impacto negativo en las negociaciones con Irán, subrayando que “estamos en guerra”.
El ataque al F-15 es un duro revés para la operación denominada Furia Épica, que busca una respuesta contundente de la administración Trump ante las acciones de Teherán. A pocos días de prometer una retaliación firme, el presidente insinuó que el estrecho de Ormuz, crucial para el tráfico mundial de petróleo, experimentará un cambio positivo una vez que Irán se repliegue.
Además, se ha mencionado que las negociaciones para un alto el fuego, mediadas por Pakistán, enfrentan un estancamiento. Irán se niega a dialogar con funcionarios estadounidenses e ignora las demandas de Washington, complicando aún más la situación diplomática.
En el campo presupuestario, Trump ha propuesto un incremento en el gasto militar a 1.5 billones de dólares, lo que ha enfrentado oposición incluso dentro de su propio partido. Legisladores como el senador John Curtis han dejado claro que no apoyarán fondos adicionales para la operación sin una declaración formal de guerra del Congreso.
Con las elecciones de medio término a la vista, la administración se enfrenta a crecientes desafíos no solo en el ámbito militar, sino también en la presión interna sobre los costos derivados de las operaciones en el extranjero y el aumento en los precios de la gasolina.


