Por: Psicólogo Federico Ismael Morales Fierro
Creo que es 2026 con temor a equivocarme (¡lo expongo con sarcasmo!); ya que han pasado casi seis años de la terrible pandemia que azotó a la humanidad y hoy más que nunca parece que no aprendimos nada de lo que es desear vivir; o un poco más extremo: del miedo a morir. Pues creo que hay un profundo cambio y diferencia en ambas expresiones. Ya que la primera nos extiende una muy amplia gama de explicaciones tanto científicas, como filosóficas, espirituales y psicologícas.
Teníamos una muy clara forma de miedo a como y de que NO queríamos morir, es verdad, fue y ha sido escatologicamente, una realidad por primera vez y de forma total,históricamente en la humanidad moderna, una posibilidad única para todos de morir de lo mismo. Esto, creo cambio muchas perspectivas de lo que es ese algo peligroso para todos al mismo tiempo, sin posibilidades de escapatoria. Sin medida de espacio y no sabíamos si también de tiempo. Bien, hasta ahí la historia nos marca muchos cambios en nuestro estilo de vivir el hoy.
Pero veo algo terrible al día de ese hoy, puede ser como efecto del tiempo que experimentamos o de la maduración de tiempo atrás más esté suceso terrible.
Nuestra manera tan exponencial de vivir hasta nuestro días presentes. Problemas tras problemas nos aquejan, de salud física, mental, sociales, etc. Guerras en el mundo, guerras internas y una muy desestructurada manera de convivencia. Padres contra hijos, hijos contra padres, hermanos contra hermanos. Estamos en la era de la desconfianza, como el que no decir que alguien pueda malinterpretar y crear una falsa acusación. El mal uso del internet y de las redes, la falta de empatía a problemas reales. La depresión y ansiedad generalizada que un muy alto porcentaje de la población está padeciendo. Enfermedades psicosomáticas cada vez más complejas, no en su entendimiento ni en su abordaje, sino en su arraigo y evolución. Las personas saben disfrutar cada vez menos de cosas simples, y las banalidades se vuelven la esencia de nuestra existencia. Aparentar para existir, sobre todo en redes sociales, está destruyendo la verdadera identidad de quién debemos ser y no olvidar que se puede ser feliz con saber disfrutar de cosas simples pero relevantes. La pos pandemia se suponía nos habría dejado un gran aprendizaje por amar la vida, disfrutar nuestra libertad y a nuestras familias. Un paseo por la calle, saludar de mano, tomarnos un café en cualquier lugar deberían ser verdaderos aprendizajes de poder vivir sin miedos. Algo nos falta aprender, no lo se con exactitud, ni se si podremos en verdad todos. Pero si creo que cada quien es y debe ser responsable de darse cuenta y mejorar en lo personal. Cada uno de nosotros debe y está obligado por la existencia y la experiencia a querer buscar ser mejores. En todo, en si mismos y con nuestros hijos,amigos, y familias. Luchemos por recordar que si aprendimos algo, y ya que han pasado varios años, busquemos el saber vivir mejor de verdad, en esencia, en la realidad. No olvides que eres un sobreviviente, y tú nombre no está en la cruz de una tumba olvidada.


